1. Atrapa la idea al momento
Una melodía que aparece en la ducha se habrá esfumado en diez minutos. Grábala en el teléfono, aunque sea susurrando, aunque sea con «la la la». Algunas reglas que lo cambian todo:
- Cántala varias veces, la misma idea con pequeñas variaciones. Ya elegirás después.
- Marca el tempo dando golpecitos con el pie o con los dedos mientras grabas. El ritmo forma parte de la melodía.
- Canta en un idioma inventado si la letra no sale. Las sílabas inventadas guardan el ritmo de las palabras que vendrán.
- Apunta cómo te sentías en el nombre del archivo: «estribillo lento, melancólico». Dentro de un mes, te alegrarás de saberlo.
2. Deja madurar la melodía
Una buena melodía de canción rara vez se apoya en una idea larga. Se apoya en un motivo corto, unas pocas notas, que se repite y se varía. Vuelve a escuchar tus grabaciones y busca ese motivo.
- Piensa en pregunta y respuesta. Una primera frase que queda en el aire, una segunda que cierra. A menudo, la segunda retoma el principio de la primera y cambia el final.
- Mantén frases de longitud regular, de dos o cuatro compases. Al oído le gustan las simetrías.
- Varía el contorno. Si una frase sube, haz que la siguiente baje. Una melodía que se queda en tres notas cansa pronto.
- Deja respirar. Los silencios entre frases importan tanto como las notas, sobre todo si cantas.
3. Encuentra la tonalidad
La tonalidad es la «casa» de tu melodía: la nota en la que puede detenerse y sonar terminada. Para encontrarla, canta tu melodía y para al final de una frase conclusiva. La nota que te parece definitiva suele ser la tónica. Si el conjunto te suena luminoso, la tonalidad es probablemente mayor; si suena más oscuro, probablemente menor. La guía cómo saber la tonalidad de una canción explica el método en detalle.
Sin instrumento, necesitas una referencia para ponerle nombre a esa nota. Fredon reconoce en directo la nota que cantas o silbas: sostén la nota de reposo y lee su nombre. Apunta también la nota más grave y la más aguda de tu melodía: te dirán si la canción cabe en tu voz.
4. Elige los acordes
En una tonalidad dada, seis acordes bastan para armonizar la inmensa mayoría de las canciones. Aquí los tienes en cuatro tonalidades habituales:
| Tonalidad | I | II | III | IV | V | VI |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Do mayor | Do | Rem | Mim | Fa | Sol | Lam |
| Sol mayor | Sol | Lam | Sim | Do | Re | Mim |
| Re mayor | Re | Mim | Fa♯m | Sol | La | Sim |
| La mayor | La | Sim | Do♯m | Re | Mi | Fa♯m |
En menor, toma la tonalidad mayor cuyo VI sea tu tónica. La menor usa así los acordes de Do mayor, con La menor como punto de reposo. Ahí se suele cambiar el Mi menor por un Mi mayor, que lleva con más fuerza de vuelta a La menor.
La regla de los tiempos fuertes
En el primer tiempo de cada compás, elige un acorde que contenga la nota cantada. Un ejemplo en Do mayor:
- el compás empieza en Mi: sirven Do (Do, Mi, Sol) o La menor (La, Do, Mi);
- empieza en La: Fa (Fa, La, Do) o La menor;
- empieza en Re o en Si: Sol (Sol, Si, Re);
- la frase termina en Do: vuelve al Do.
Cuando sirven dos acordes, cada uno da un color distinto. Prueba los dos y quédate con el que cuenta la historia que buscas.
Si no tocas ningún instrumento, el modo Melodía de Fredon puede hacer este primer trabajo. Cantas tu melodía, hasta sesenta segundos; la app la transcribe, encuentra la tonalidad y te propone una progresión de acordes, con armonizaciones alternativas para cada nota. Comparas de oído y te quedas con la que más te guste.
5. Construye la estrofa y el estribillo
La mayoría de las canciones alternan dos partes principales:
- La estrofa cuenta. Su melodía vuelve cada vez, pero la letra cambia. Suele quedarse en el registro medio o grave de la voz.
- El estribillo resume. La misma letra cada vez, a menudo el título de la canción. Sube más, sostiene notas más largas, y es lo que se queda en la memoria.
El secreto es el contraste. Si la estrofa y el estribillo se parecen demasiado, la canción no despega. Cambia al menos una cosa: la altura de la melodía, el ritmo de las palabras o el acorde de partida. Empezar el estribillo en el IV (Fa en Do mayor) en lugar del I suele bastar para abrir la canción.
Una estructura clásica: estrofa, estribillo, estrofa, estribillo, puente, estribillo. El puente aparece una sola vez. Trae una melodía nueva, a veces otros acordes, antes de un último estribillo. Las estrofas y los estribillos suelen tener ocho o dieciséis compases.
6. Pon la letra sobre la música
En español, cada palabra tiene su sílaba tónica, casi siempre en la penúltima («gui-ta-rra»), a veces en la última («can-ción»). Coloca esas sílabas en los tiempos fuertes de la melodía y la frase cantada sonará natural. Si una palabra queda «con el acento cambiado», cambia la palabra antes que la melodía. Sigue cantando en idioma inventado el tiempo que haga falta: es más fácil encontrar palabras que encajen en una melodía terminada que al revés.
7. Graba y ordena tus ideas
- Ponle nombre a cada archivo con la fecha, la parte (estrofa, estribillo) y la tonalidad.
- Ten una ficha por canción: la progresión de acordes, la estructura y la letra en curso.
- Graba una versión completa en cuanto puedas, aunque sea rudimentaria: solo voz, o voz y acordes. Es la que harás escuchar.
- Aprende tres o cuatro acordes para acompañarte. En el ukelele es cuestión de unas semanas (mira los acordes de ukelele para principiantes); en la guitarra, apenas un poco más (mira los acordes básicos de guitarra).
Si la tonalidad elegida cae en acordes difíciles, una cejilla te permite mantener posiciones sencillas: la guía para qué sirve la cejilla explica cómo.
Los errores que frenan a los principiantes
- Querer demasiados acordes. Cuatro acordes bien elegidos valen más que diez. Muchos grandes éxitos tienen tres.
- Cambiar de tonalidad sin querer. De una toma a otra, la voz se desplaza. Antes de volver a cantar, escucha otra vez la nota de partida.
- Esperar la perfección. Termina una canción imperfecta antes que empezar diez. Se aprende a componer terminando.
- Descuidar el estribillo. Si al día siguiente no te sorprendes tarareándolo, trabájalo antes que todo lo demás.